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Guías Didácticas

Los libros que se quieren tener

Cómo regalar un libro a niños entre 7 y 9 años

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Sebastián Encina

10 de abril de 2026

La biblioteca personal, aunque sea pequeña, es una declaración de identidad.

Alrededor de los ocho años algo cambia en la relación de algunos niños con los libros. Además de querer leerlos, quieren tenerlos. Alinearlos en un estante, organizarlos por algún criterio propio, volver a ellos aunque ya los conozcan de memoria. Ese impulso merece ser tomado en serio, porque tiene raíces más profundas de lo que parece.

Walter Benjamin, en su ensayo sobre el arte de coleccionar, describe cómo la relación afectiva con los objetos es una forma genuina de construir mundo.¹ El niño que cuida sus libros, que recuerda dónde consiguió cada uno, que tiene favoritos por razones que no siempre puede explicar, está haciendo exactamente eso. Está construyendo un territorio propio a través de los objetos que elige habitar.

La investigadora Prisca Martens y su equipo han documentado cómo la identidad lectora en la infancia media se consolida en parte a través de la posesión y el reconocimiento.² Un niño que siente que ciertos libros son suyos, que forman parte de quién es, tiene una relación con la lectura cualitativamente distinta a la del niño que solo lee lo que le asignan. La biblioteca personal, aunque sea pequeña, es una declaración de identidad.

Para esta etapa los libros de referencia, las enciclopedias ilustradas y los libros temáticos sobre dinosaurios, astronomía, arquitectura, naturaleza o historia funcionan de una manera particular. Son libros que no se leen de principio a fin sino que se recorren, se consultan, se regresan. Permiten al niño ser experto en algo, profundizar en un tema que le apasiona y compartir ese conocimiento con otros. Esa sensación de dominio sobre un campo específico es enormemente valiosa a esta edad.

Un libro de referencia bien hecho es también un objeto que resiste el tiempo. Las ilustraciones detalladas, los mapas desplegables, las secciones que revelan más cuanto más se miran, hacen de estos libros compañeros de largo plazo. Un niño de ocho años puede volver al mismo libro de astronomía a los doce y encontrar en él cosas que antes no veía.

Regalar un libro así es apostar por la curiosidad específica de un niño concreto. Es decirle, con un objeto, que lo que le interesa vale la pena explorarlo con profundidad. Ese mensaje, cuando llega bien, dura mucho más que el regalo.

Notas y Referencias Bibliográficas

¹ Benjamin, Walter. "Desempacando mi biblioteca: Un discurso sobre el arte de coleccionar." En Iluminaciones, traducido por Jesús Aguirre. Madrid: Taurus, 1971.
² Martens, Prisca, Ray Martens, Michelle Hassay Doyle, y Jung Kim. "Understanding Children's Literate Identities." Language Arts 87, n.º 4 (2010): 260–268.

¿Te acompañamos en esta etapa?

Cada libro en nuestra selección ha sido elegido pensando en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños.

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