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Guías Didácticas

Leer como forma de saber quién eres

Sobre aprender a escoger que leer luego de los 10 años

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Sebastián Encina

10 de abril de 2026

El gusto se educa leyendo mucho de muchas cosas, y los rodeos forman parte del camino.

Alrededor de los diez años muchos niños que leían con entusiasmo empiezan a leer menos. Los adultos cercanos lo interpretan a veces como una pérdida, como si algo se hubiera roto. Visto con más calma, casi siempre se trata de otra cosa. El niño está cambiando, y los libros que tenía cerca todavía no han cambiado con él.

La investigadora y ensayista Michèle Petit, en su trabajo sobre la lectura como construcción de sí mismo, propone que en la preadolescencia la lectura adquiere una función nueva.¹ Ya no es solo entretenimiento ni aprendizaje. Se convierte en un espejo y en una ventana al mismo tiempo, un lugar donde buscar quién se es y quién se podría ser. Esa búsqueda requiere libros distintos a los de la infancia, libros que no protejan demasiado, que planteen preguntas sin resolverlas del todo.

Esta etapa pide, sobre todo, libertad de elección. Francelia Butler, pionera en los estudios de literatura infantil y juvenil, sostenía que el derecho del joven lector a elegir sus propias lecturas es parte constitutiva de su desarrollo como lector autónomo.² Un preadolescente que puede elegir qué leer, incluso si elige cosas que los adultos consideran poco literarias, está ejerciendo algo importante. Está aprendiendo que la lectura le pertenece.

En la práctica esto significa soltar el control sobre la biblioteca de un niño de diez años. Significa dejar que atraviese una temporada de novelas gráficas, o de libros de humor, o de sagas de fantasía de cientos de páginas, sin calificar esas elecciones como mejores o peores que otras. El gusto se educa leyendo mucho de muchas cosas, y los rodeos forman parte del camino.

Lo que sí puede hacer el adulto en esta etapa es estar disponible, sin presionar. Compartir un libro que a él le marcó, sin exigir que al niño le ocurra lo mismo. Preguntar qué está leyendo con genuina curiosidad, no con ánimo evaluador. Tener libros visibles y accesibles en casa. Esas condiciones ambientales, aparentemente pasivas, tienen una influencia que los estudios sobre hábitos lectores confirman de manera consistente.

Un lector de diez años que siente que sus elecciones son respetadas tiene muchas más probabilidades de seguir leyendo a los quince, a los veinte, a lo largo de toda su vida. La identidad lectora, una vez consolidada, es extraordinariamente resistente. El trabajo de estos años es ayudar a que se consolide.

Notas y Referencias Bibliográficas

¹ Petit, Michèle. El arte de la lectura en tiempos de crisis. México: Océano, 2009.
² Butler, Francelia. "The Child's Right to Choose His Own Books." Children's Literature Association Quarterly 1, n.º 1 (1976): 3–6.

¿Te acompañamos en esta etapa?

Cada libro en nuestra selección ha sido elegido pensando en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños.

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